Sobre El año de la pera

El último día de 2025 fue también el último de la MTV, la cadena de televisión que hizo populares los Unplugged. Los Unplugged fueron, son, actuaciones en directo de bandas que usaban instrumentos acústicos, desenchufados -traducción con la que se conoció también aquí estas emisiones-. Tanta fue su influencia que grupos como The Cure, después de la visita inevitable al famoso programa de TV, grabaron más versiones de sus éxitos de este modo, como si se prepararan para un gran apagón.
Para alguien que hace sus propias canciones estas versiones acústicas eran y son especialmente interesantes porque permiten descubrir mejor los detalles, muchas veces enterrados en trucos de estudios de grabación, en efectos y demás artimañas que pretenden impresionar al oyente, transmitir más fuerza y, en fin, convertir la música en el producto procesado de un electrodoméstico (del aparato de alta fidelidad antes, del teléfono ahora). ¿Pero qué mayor fidelidad que la de la guitarra acústica con la que normalmente el compositor de canciones encuentra la idea musical sobre la que acomodar su mensaje? Por no hablar, ya desde la pura logística, del volumen que ocupan los amplificadores en las furgonetas y de la consiguiente tentación de abandonarlos (acaso sea esta la verdadera razón oculta de este unplugged, El año de la pera: un aligeramiento de equipaje a lo Machado -a lo Ryanair-, una claudicación ante la tontería rock).
Es verdad que no hay grabación sin electricidad y que hay muchos discos grabados con guitarras y bajos eléctricos en los que se aprecian los detalles perfectamente, y que una actuación con guitarras, bajos acústicos y percusiones puede ser un infierno borroso si se graban y se mezclan mal, pero, en fin, si había que recuperar canciones del siglo XX de Sr. Chinarro, ¿por qué no recuperar ese formato televisivo tan finisecular como fue este de la MTV?
La idea fue precisamente hacer coincidir la publicación de El año de la pera con la última emisión de la MTV, en Nochevieja, mostrando el mérito de haberla sobrevivido (a la MTV y a la Nochevieja). Al final no dio tiempo por varios contratiempos propios del siglo pasado y el disco saldrá en primavera, qué más da. Igual hemos evitado algún atragantamiento (o dar la campanada tardía).
¿Había que recuperar estas 12 canciones? Compañeros de generación -o de poco antes, o de poco después- como Los Planetas o La Habitación Roja, han celebrado sus 30 años. Sr. Chinarro no se presta mucho a la efeméride, ni siquiera a las celebraciones, que tienen siempre algo de imprudencia. Tampoco hará jamás una gira de despedida, si acaso se irá a la francesa. Regrabar las 12 canciones de El año de la pera fue, en primer lugar, una buena excusa para volver a un estudio de grabación mientras se encontraban buenas canciones nuevas. El resultado ha sido mejor de lo esperado y justifica plenamente su existencia física. A estas alturas del timo digital, en las plataformas de streaming nada existe ni deja de existir.
Pasó ya el trigésimo aniversario del Pequeño circo, y del primer LP, y más o menos se van a cumplir treinta años de la publicación del segundo disco, Compito, para cuando se publique este disco desenchufado que, a decir verdad, cuenta con una guitarra eléctrica, la de Isra Diezma, y con la magia de Jaime Beltrán en las mezclas, rompiendo la austeridad del concepto inicial en beneficio de los oídos de la mayoría. El sintetizador que ha usado Sandra Rubio, mejor que los usados en los discos de Sr. Chinarro en aquellos años 90, también es eléctrico del todo. Y los bajos acústicos son unánimemente detestados por los bajistas profesionales, que algo sabrán del tema, de modo que Alfonso López se agarró a sus bajos eléctricos como su tabla de salvación que son. Eso sí, eligió bajos de caja, huecos, que sonarían desenchufados también -pequeña trampa-. Al menos Juande Jiménez se avino a agarrar escobillas y palitos hot-rod en lugar de entregarse al contundente arte del baquetazo, una gimnasia rítmica que necesita de mil pequeñas sutilezas para las grandes puntuaciones.
Los planes nunca salen exactamente como se han hecho, esto se ha demostrado muchas veces en treinta años (habría que haber visto a Hannibal del Equipo A dirigiendo un grupo de música en vez de un grupo de mercenarios de guerras pretéritas).
Compito fue un completo fracaso de ventas. Es una proeza que treinta años después Sr. Chinarro siga grabando discos. Se trata casi de un milagro en el que hubiésemos decidido creer. Esta es la segunda razón de ser de El año de la pera, después de la logística. Mushroom Pillow quiere celebrar los 20 años de El mundo según, el disco que hizo de la banda un proyecto profesional, después de la sorpresa de El fuego amigo, salvavidas piscinero de último minuto arrojado por el amigo J (a quien tenéis aquí cantando en El idilio). Es buena idea la de Mushroom Pillow, pero antes vamos a escuchar este El año de la pera, a ver cómo eran aquellas canciones juveniles. ¿Son tan distintas de las adultas? Cada uno sabe qué ganó y qué perdió al crecer.
Hay una del Pequeño circo (Desilusión), dos del primer LP (Mi caracola loca, Bye bye), una del EP Lerele (Su mapamundi, gracias), dos del segundo LP, Compito (Papá matemáticas, Sal de la tarta), tres del tercero, El porqué de mis peinados (Ouija, Estrenos TV, Quiromántico) y tres del cuarto, Noséqué-nosécuántos (Informe para un barco vikingo, Puentes de plata, El idilio).
Son canciones que merecieron más cariño del que tuvieron desde el mismo día de su gestación y su publicación, y ahora lo van a tener, sea tarde o no, gracias al apoyo de Eclipse Melodies para grabarlas con más tiempo, con más medios, sin las inseguridades de la crisis económica post EXPO92 – Olimpiadas.
Los años 90 fueron duros para Sr. Chinarro hasta extremos difíciles de imaginar hoy, lejos como estamos incluso de la crisis post Lehman Brothers, de ahí seguramente que estas hayan sido canciones olvidadas e incluso repudiadas por Sr. Chinarro durante su segunda etapa artística, y no solo por quien esto escribe. En esta ocasión, como durante casi todo lo que llevamos de este siglo nuevo, he sido todo lo disciplinado que puedo ser y no me he separado de mi guitarra acústica Martin -de las buenas- durante toda la grabación, respetando, al menos yo, la idea inicial del unplugged. En Sal de la tarta y El idilio he usado la guitarra española de Sandra, la misma que usamos en aquellos discos maltratados. También las castañuelas son las mismas de entonces. Adri Cruces ha puesto su trompeta en Mi caracola loca, donde no podían estar de nuevo las sintéticas del productor del primer LP -ni ganas-.
Hay algo para lo que ya podemos asegurar que ha sido muy útil El año de la pera, su razón última: dos meses después de grabarlo ya teníamos 10 canciones nuevas preparadas que estamos deseando grabar. Porque para un artista recrear su propia obra podría ser en parte asumir el fracaso de la primera vez. Ese fracaso está más que asumido y no debemos esperarnos otra cosa del pasado, siempre será lo que fue. Para llegar a sitios nuevos hay que tomar caminos nuevos. No pensamos en destinos: este El año de la pera ha sido más como pasar un trabajo a limpio, calentar la muñeca para escribir a continuación un nuevo capítulo de una historia que nunca necesitó ni grandes fiestas ni finales felices: el único sentido de Sr. Chinarro, como de la vida misma, es continuar.